Muerte del al-Shaitan Mavet
(Extracto del diario del al-Shaitan Yarikh)
Al amanecer del día siguiente, después de mi conversión, inmediatamente conocí lo superior que es un Baali sobre cualquier otro vampyr. La luz del sol no disminuía la intensidad de mis poderes. La longitud de mis colmillos, ya de por sí largos por naturaleza, no se acortaba. Continuaba viendo, escuchando y sintiendo como si fuera de noche. Estaba en éxtasis, era realmente una sensación indescriptible.
De pronto, escuché que mi Sire me estaba hablando. –Debes aprender a controlarte. –me dijo con ese tono paternal que solía usar. Sin decir más volvió sus ojos al cielo. Yo también lo hice y he aquí que unas enormes y oscuras nubes de tormenta se estaban amasando sobre nosotros. No podía creerlo. Yo las había llamado. Tenía poder sobre las tempestades. Si mi hermosa y frágil Scarlett hubiese podido ver esto… Ella hubiera sido mi primer vástago.
-Tus pensamientos aún se concentran fuertemente en ella. Es comprensible que sea así, pues fue la primera mortal de quien te alimentaste justo antes de convertirte en un Baali. Sin embargo, bórrala de tu recuerdo. Es un cadáver y nada más. –en ese momento dejé que la lluvia cayera sobre nosotros. Siempre me ha gustado el agua, así que eso ayudó a tranquilizarme.
Mi Sire y yo comenzamos nuestro peregrinaje. Mientras estuvimos ayudándoles a esos aldeanos, acordamos que una vez terminada mi conversión, viajaríamos a La Tierra de Nod.
En el camino no fueron pocas las ocasiones en que mi mente se vio asaltada por el recuerdo de mi Scarlett. En ocasiones la veía entre la muchedumbre, o de reojo la veía caminando a mi lado. Otras tantas, cuando bebía agua de riachuelos, su imagen se encontraba justo detrás de mí. Mi Sire siempre cambiaba de tema o me silenciaba cuando le pedía una explicación al respecto.
En nuestro andar siempre dejábamos una estela de dos o tres desapariciones misteriosas, para que días después, a varios kilómetros lejos del asentamiento, encontraran los cadáveres…, blancos como esculpidos en mármol. Debido a ello, nos volvimos objetivos de caza. Nuestro perseguidor era Lord Samuel Vordenburg, un Cazador imparable y de gran renombre en el mundo vampírico. Conseguimos hacer perdidizo nuestro rastro por unas cuantas semanas. Empero, el destino quiso que Lord Vordenburg nos diera alcance. Terminó haciéndolo en un patio en ruinas, de donde aún se alzaban dos torres a medio destruir y los escombros de una muralla de nobles proporciones. Por lo que pude entender de la pequeña conversación que mi Sire y el Cazador tuvieron, ellos dos ya se habían encontrado anteriormente. Mi Sire había matado a la familia de Lord Vordenburg.
-En esa ocasión yo estaba solo, demonio. Pero esta vez estoy acompañado. –dijo el Cazador, esbozando una sonrisa atrevida. –Mavet, ¿o aún es Conde John Westenra?, te presento a los más grandes Cazadores del mundo: Sir Oskar Harker, el Oficial Armand Rossi, el Doctor Paul Bora y el Profesor Maurice Seward. Esta vez no escaparás. –de entre los escombros salieron cuatro hombres. Por sus vestiduras parecían más un cortejo fúnebre y no tanto un grupo de Cazadores.
Aunque yo nada tenía que ver en la batalla personal entre mi Sire y Lord Samuel Vordenburg, sabía que por el simple hecho de ser un vampyr iba también a ser cazado. Así que opté por hacer uso de mis habilidades vampíricas. Mi Sire también pensó en lo mismo. Del bosque a nuestro alrededor salió una jauría de lobos. El Profesor Maurice Seward y el Doctor Paul Bora fueron tomados por sorpresa y cayeron casi sin dar pelea. Sin embargo, Sir Oskar Harker y el Oficial Armand Rossi fueron rápidos con sus armas de fuego y mataron a la mayoría de la jauría; los restantes simplemente huyeron. Ahora era mi turno de actuar, pues mi Sire se encontraba ocupado con el Lord. A los dos Cazadores restantes lo único que tuve que hacer fue sujetarlos del cuello y presionar hasta escuchar el inconfundible sonido de su traquea rompiéndose. Después de eso, fueron míos para agregar dos fantasmas más al que ya me perseguía.
Como ya estaba desocupado me concentré en el enfrentamiento entre mi Sire y su Cazador personal. Lord Vordenburg en verdad era un Cazador formidable. Mi Sire, el al-Shaitan Mavet, último Señor del Clan Baali, no era rival para su enemigo. Estaba pálido, pero sus ojos brillaban como fuego con una mirada que muy pocas veces le había visto. No pude contener un grito de encogimiento al ver como una de las espadas de Lord Samuel Vordenburg le cortaba la garganta; y la otra, al mismo tiempo, le atravesaba el corazón.
-He cumplido la promesa que le hice a mi esposa de terminar con el monstruo que le arrebató la vida a ella y a nuestras hijas. Tú, que eres su vástago, tienes todo el derecho de tomar venganza. Yo estaré esperando, porque te aseguro que el fuego del odio arderá en ti aún y cuando muchos años hayan pasado. De momento, te perdono la existencia…
-Yarikh. Mi nombre es Yarikh. –aún no sé el porqué, pero sentí el deseo de decirle en esos momentos mi nombre. Y así Lord Samuel Vordenburg salió de mi vida, hasta el día en que decida vengar a mi Sire.
-Yarikh, Lord del Desagravio…, de prisa… -Mavet giró su rostro hacia mí. -…Vitae…
-Antes de que muera…, le he de decir un secreto, mi Sire. –abrió grande los ojos. Le permití que leyera un poco mi mente para que fuera haciéndose a la idea. –Yo sé por qué veo el espectro de mi Scarlett a donde quiera que yo vaya; sé por qué en estos momentos estoy comenzando a ver a los dos Cazadores que maté. al-Shaitan Mavet, Sire mío, sabe en la hora de tu muerte que tu vástago el día de su conversión conoció a profundidad los secretos del Daimonion y del Diablerie. Ahora es mi turno de ser el al-Shaitan.
-¡Yarikh! No…
Me lancé sobre su garganta desgarrada. Sentía su Vitae llenar hasta el más recóndito rincón de mi cuerpo. Era una sensación vigorizante. Cuando se acercaba ya el final, me percaté cómo el alma del al-Shaitan Mavet se aferraba aún a la no-vida. Fue una lucha extenuante, la cual yo gané al final.
Ahora mi única preocupación será la de infiltrarme en La Tierra de Nod para darle vida una vez más al Clan Baali y vengarme de Anguis III. Mataré a quien se interponga en mi camino. Puedo apostar mi vida inmortal a que Anguis III ha creado más disidentes en su contra que los que llegaron a tener los tres hermanos. No creo que me sea difícil encontrarlos y convertirlos.