humor (1094)
    Chistes (398)
    Bromas (29)
    Parodias (203)
    Piropos (67)
    Fabulas (44)
    Citas y Frases (42)
    Sexuales (66)
    Hechos Reales (185)
    Asi soy yo.... (60)
   terror (2721)
    Pesadillas (256)
    Hechos reales (726)
    vampiros (599)
    Terror General (786)
    Espiritismo (125)
    Asesinos en serie (160)
    Teorias (69)
   fantasia (2151)
    Fantasia General (542)
    Romantica (770)
    Epica (233)
    Rol (182)
    Poesia (424)
   pruebas (0)
   criticas (885)
    Deportivas (37)
    Criticas de Cine (145)
    TV y Famosos (77)
    Literatura (49)
    Musica (76)
    Juegos (27)
    Duras (222)
    Generales (252)
   ficcion (1047)
    Ciencia Ficción (194)
    Futuristas (102)
    Snuff (67)
    Ovnis (27)
    Narrativa Libre (661)
 
 Top 5
    Puntos de vista: Elis..
    La mancha de la muert..
    Muerte en vida
    Miss Spain
    paralisis de terror
 
Recomendamos
Relatos Cortos, la mayor web de relatos te trae relatos de terror, eroticos, humor, ficcion, fantasia y criticas.
     

  fantasia > RomanticaDos Suspiros

------------------------------------------------------------------------------------
 
se publicó en la web el 24 de Marzo del 2006

Desde entonces este relato ha sido leido 9 veces desde que apareció en www.relatoscortos.com, y ha recibido 0 votos.

Los visitantes han dejado escritos 0 comentarios

------------------------------------------------------------------------------------
  Categoría: fantasia > Romantica
  Titulo:

Recuerdo detalles de aquellos días. No muchos y tal vez incluso falsos. Creo que de tantas veces que intenté imaginarme que hubiera pasado si me hubiera comportado de tal forma, que con el tiempo llegué a creerme escenas que de seguro no habían pasado. Yo, distante y fría, la reina del hielo. Él quizá más receptivo, con la sonrisa perenne que siempre tenía asomada a los labios rojos. Sus ojos sin embargo, se me han olvidado. Su forma de hablar, sus gestos. Intento concentrarme, dejar la mente en blanco y volar hacia aquel... ¿Julio? Quizá Agosto. O incluso Septiembre, ¿quién sabe? Pero hay como paso infranqueable, un muro de carga que si lo destruyera, los recuerdos se me vendrían en una avalancha imparable. Ahora sé que tengo miedo, no de evocar partes de su anatomía olvidada, de los lugares a donde fuimos. Si no de que vuelvan los mismo sentimientos de aquella vez. Dieciséis años. ¿Que puedo esperar de ellos ahora? Supongo que no sacaría nada en claro. Dos años no pasan en vano. No son como dos soplos de aire, ni como dos pestañeos. Aunque ahora me parezca que fue anteayer cuando lo vi bajar de aquel vagón rojo. Lo veo descender despacio, buscandome entre la gente. Era difícil que no me viera, pues media tal vez un metro ochenta y cinco. Poco más. Alza la mano y me sonríe. Yo procuro que no se me note el corazón palpitar agitado bajo la ropa. Lo siento como una cuadrilla de caballos galopando contra el viento. Ahora viene la parte en la que yo le miro a los ojos y él se queda a dos pasos de mí, esperando. Pero no lo recuerdo. Imagino que pasaría lo que pasa siempre. Me daría dos besos y soltaría algún que otro chiste. Creo que le divertía verme reír. Siempre estaba haciendo bromas y gestos ridículos, como si tuviera doce años en vez de los veinte que acaba de cumplir. Después de aquello había una parte que se me ha borrado de la mente, como si estuviera leyendo un libro y al pasar la hoja estuviera en blanco. Cierro los ojos y los aprieto fuerte. Sé que las imágenes están ahí, agazapadas, en algún rincón oscuro y perdido. Pero no salen. Tal vez no fuera nada relevante o de importancia. Callejeamos si, pero no se me viene a la mente nuestro destino. Solo tengo una imagen impresa en la retina, como escrita a fuego. Pues me descubro agarrada a su brazo, fuertemente. Él habla, yo lo miro. Una calle blanca de balcones con rejas y macetas. Un olor dulzón a pastelería. El rumor lejano, distante, del agua. Los recuerdos son como fogonazos de luces extrañas. A veces vienen y a veces van. Y hay momentos que intentas retener una sola figura pero ni siquiera te da tiempo a mirarla. El bar. El ruido de las copas chocar entre sí. El murmullo de las personas, las risas estridentes. Él y yo. El camarero se acercó y nos miró: - Buenas tardes, ¿qué van a tomar? Dijo en un tono cantarín y gaditano, sacando una libreta y un bolígrafo de no sé dónde. - Dos cervezas. No lo pensó mucho y tampoco me preguntó si yo bebía o no. Creo que lo dio por sentado y yo no pensaba discutir. Si me hubiera dado de beber el agua del florero, en ese momento yo me la hubiera bebido sin rechistar. - Bueno- creo que suspiró, porque vi subir su pecho lentamente y volver a echar el aire de igual manera- te he hablado sobre mi instituto, de la droga, de donde he pasado los sábados de aquí a tres meses atrás. Y tu no has abierto ni la boca. Sonreí tranquilamente. O a lo mejor incluso solté una carcajada nerviosa. Aún no podía asimilar que él estuviese allí conmigo, delante de mis ojos. Que podía alargar la mano y tocarle los labios, ahora transformados en una bonita sonrisa, expectante a mi comentario. No fui ni soy tímida. Y siempre que podía no daba muchos rodeos con temas triviales, si algo me interesaba. Así que puse un dedo en el filo del vaso y empecé a dibujar su contorno circular con coquetería. Creo que hasta puse cara inocente. (Éste recuerdo es tan claro que a veces me pregunto si no lo he vivido mas veces...) - ¿Y tu novia, donde está? Sonríe(¡cómo no!)y desvía la cara hacia la enorme cristalera que tenemos a la derecha. - En su casa estará. - No hablaba del lugar exactamente. Vuelve su cabeza hacia a mí y se inclina. (Recuerdo que por poco introduce su cadena de oro en el vaso de la cerveza). Me besa. No me extraña. - Eso no es una respuesta. No era tonta, por eso supongo que se impacientó. No me acuerdo de su gesto de fastidio o irritación. Simplemente sus palabras, por eso solo puedo suponer. - ¿Qué quieres que te diga Estela? No sé dónde esta, ni por donde anda, ni con quien sale. No me llama ni la llamo. No me interesa, joder. Es lo que quieres saber, ¿no? Si estoy aquí por despecho. Pues no. Abro la boca pero me interrumpe. - Ni por aburrimiento. Coge el vaso con fuerza, lo termina de un trago y golpea le mesa sin querer. - Vayámonos. Mi cerveza aún brilla anaranjada bajo los últimos rayos del sol. Cogemos las chaquetas y salimos a la calle. Se estaba haciendo de noche. Aquí hay otra parte en blanco. No hay ni siquiera ni un olor, ni un sentimiento. Nada. Creo que lo seguía como una autómata. Luego el banco. Azul. La larga conversación. Eso si que lo recuerdo bien, incluso más que la escena del bar. Sé que en aquel bar hablamos mucho más que aquello, pero como siempre se ha borrado totalmente. El banco azul. El banco del parque. Muchas veces cuando paso- aunque no pase mucho- me tiembla el cuerpo. Y lo veo. Quizá no sus ojos, ni sus gestos. Y ahora que lo pienso me hubiera gustado saber el color que tienen. Pero ya no importa. Importaba antes. Cuando tenía dieciséis. Dos años no pasan como dos suspiros. No... - Vamos a sentarnos aquí mismo. No tengo mas ganas de andar. Y sonríe(¡cómo no!),mirándome. Me agarra de la mano y me aprieta contra su cuerpo. No hace frío. Tampoco hace calor. Por eso no me importa estar tan contra su pecho, ni dejar que sus manos exploren cada vez algo más de los centímetros de piel que va encontrando y no tapa la ropa. Yo tengo miedo- antes y ahora- y sólo quiero pensar en él y en nosotros. En la luna que brilla sobre nuestras cabezas, iluminando tenuemente aquella típica escena de enamorados. Pero Ella, sigue latente entre los dos. No la puedo echar y él parece que también la percibe. Se aparta y me mira: - ¿Que ocurre? Pregunta. Lo lee en mis ojos- ahora ya se porque él me llegó a gustar tanto- y se aparta. Nunca nadie me había llegado a conocer tan profundamente. - Mira Estela, no lo he dejado con Mónica, aunque eso ya lo sabes, ¿no? Asiento y espero. Pero no responde. Así que digo lo que ya desde un principio, desde que lo conocí, sabía que me iba a decir algún día. - Vas a seguir con ella. - No creo que la deje. Ahora sólo estamos pasando una mala racha. No me mires con esa cara, Estela, tu ya sabias perfectamente que yo con Mónica no iba a cortar. Son cuatro años, mucha tela. - Lo sé, pero sigo sin entender que haces aquí conmigo. Aprieta los labios. Su sonrisa desaparece. - ¿Nunca te ha pasado?,¿Nunca has sentido por dos chicos lo mismo? Ocurre, te lo digo yo. A ver, no te digo que te vaya a pasar, pero a mí me esta pasando. Le corto, sé que se irá por las ramas y acabaremos charlando de alguna que otra tontería. - No quiero volverte a ver. Pero sale tan apagado, tan poco importante que él vuelve a sonreír. - Ni yo a ti tampoco... Susurra. Me vuelve a besar. Página y páginas de interminables besos. Recuerdo que el reloj de la Iglesia dio dos campanadas. Lo miré. Las dos de la mañana. Ahora solamente tengo vagos recuerdos, como flashes. Viene y van. No se detienen. Y no lo entiendo, porque supongo que esto es lo mas importante de aquella tarde. Por lo menos ahora si que me lo parece. Sólo tengo registradas un pequeña parte de conversación. - ¿Te vas ya, qué hora es? - Las dos de la mañana. Mi madre me mata. - Pero si estamos de vacaciones,¿qué mas le da? Lo miro seria. - Es martes. Él hace un puchero y me mira como un perrito apaleado. - Quédate conmigo. Me empieza a temblar el cuerpo. - No puedo volver porque no hay trenes ni autobuses. Sigo sin hablar. No se que pretende por eso estoy esperando. - Tengo dinero. - ¿Piensas que me voy a ir de marcha un martes?,¿y porque no te vas en un taxi? - Vayámonos a un hostal. Y se agarra a mí, fuerte, por la cintura. Él sigue sentado en el banco y yo estoy de pie, delante. Apoya su frente contra mi estómago. Y me mira. - Quédate esta noche. Resonaron en mi mente aquella palabras tal como resuenan ahora. No hubo en ellas nada explícito a lo que yo pudiera agarrarme. Lo conocía. Sabía que podía confiar en él. Pero él ante todo era un chico. Instinto. La espada y la pared...Estuve minutos, no se cuantos, mirándolo. Calculando las posibilidades, a lo que me arriesgaba. Pero era yo y él, y luego mi mundo. Lo que me habían enseñado. ¿Qué mas daba ya?,¿Qué importancia tenía? No sabía en ese momento cual era el problema. De donde venía tantos consejos y puritanismos. Pero se que los tuve. Aunque no se que pasó aquel día. Ni siquiera recuerdo con claridad la pensión. Si era cara, bonita o grande. Si cuando entramos en la habitación fuí yo la primera que habló o fue él. Pero lo primero que se me viene a la mente cuando intento pensar en la habitación es la cama. No se porque pero en ese momento me pareció tan pequeña... No tuve miedo. Ni siquiera reparos o angustia. Fue todo tranquilo, sin prisas, con ganas. No quiero pensar si hubo o no hubo amor. O si eso está mal, es pecado, está mal visto. Fue así y fue lo mejor. Quizá con otro hubiera sido distinto. Con mas nervios, nunca sabiendo si de verdad estas preparada. Con él fue una cosa más. No le di la importancia que le suelen dar los padres o la sociedad en sí. A la que te descuidas te señalan con el dedo acusador y luego...Bueno, pasa lo que pasa. Ahora suspiro y recuerdo. Pues los recuerdos siempre serán recuerdos. Por mucho que los vuelvas a vivir cada noche, cada vez que alguien dice, por casualidad, su nombre. Cuando desperté aquella mañana en la habitación de aquella pensión, se me quitaron todo los remordimientos. Porque fue lo mas bonito que me ha pasado nunca. Y los más doloroso también... El primer resplandor del día, cae junto a mi almohada. Llevo despierta desde hace unos minutos. Es temprano y sonrío sin venir a cuento. Me doy la vuelta y veo su espalda, su cuerpo marcandose bajo la sábana. Quiero tocarle, aunque sólo fuera una vez más. Pero no puedo despertarle. Es mejor así. Me levanto y abro el balcón, con cuidado, sin hacer ruido. Necesito respirar aire, sentir que estoy viva. Cádiz brilla ante mis ojos, silenciosa. A lo lejos veo el mar. Mi mirada se pierde, esta en blanco. Y de pronto me siento en paz conmigo misma, sin saber porque. El ruido de una moto truena en la carretera y me apresuro a cerrar el balcón. Miró por si se ha despertado, pero sigue dormido. Es mejor así, me repito. Me visto y bajo a la recepción. No hay nadie a la vista. Así que me acerco al mostrador cojo un papel y un bolígrafo y escribo una breve nota: - Me quedaré siempre contigo. Y firmo. No creo que haya nada más que explicar. No se atrevió a volver a llamarme, porque sabía que no le cogería jamás el teléfono. Y así pasaron los meses, sin saber nada de él. Cambié de numero, incluso de casa. Y puede que hasta él también haya cambiado alguna que otra cosa. Tal vez siga con Mónica. Pero creo que, y no estoy muy segura, que lo vi hace tres días paseando con un amigo por el mismo banco del parque en cual nos sentamos una vez... P.D: Crean o no crean...Así sucedió


------------------------------------------------------------------------------------
Vota este relato
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

------------------------------------------------------------------------------------
Comentarios



Busca relatos


InicioAgregar a favoritosPoner como página de inicio



siguenos en feedsiguenos en facebook.comsiguenos en twitter.com

¡Tu también nos puedes enviar tus propios relatos!
[Enviar relato]








Web desarrollada con Iwcms.com
Impresiones Web, SL. Andres Mellado 29,of.A;28015, Madrid (España).Tlf: +34 911 61 01 13 E-Mail : info@impresionesweb.com
Inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, Tomo 19602, Folio 112, Sección 8ª, Hoja M-344480, con CIF B-83844787.