Las paredes de piedra ennegrecida parecían hablar del paso de años, muchos años en los que aquel teatro había seguido sobreviviendo; como ruina quizá, pero en todo caso existiendo. No había asientos, a lo mejor fueron retirados alguna vez, o a lo mejor se convirtieron en polvo hace mucho. Extrañamente el escenario seguía estando, unas viejas tablas de madera más altas que el nivel de aquel suelo, con un telón oscuro en el lado derecho que parecía exageradamente viejo.
No sé de qué época era aquel raro decorado, que sugería antiguedad con unas viejas columnas dóricas y extrañeza al mezclarse con gárgolas aparentemente más deterioradas en los capiteles; además de cantidad de estilos arquitectonicos que parecían estar allí y que yo no había visto nunca, y dudo vaya a ver nunca más.
Me acerqué al centro de la sala, donde parecía haber una mesa, y sentada allí empecé a pensar que hacía yo allí, o que podía hacer para no estar allí; dada la ausencia de puertas.
Cuánto tiempo pasó, no lo sé, pero si sé que de repente sentí como si hubiese despertado. Como si hubiese pasado mucho tiempo entre que yo me senté ahí y el entonces presente momento. Estaba confusa, pero más aún cuando miré alrededor.
Todo rastro de decrepitud había desaparecido en aquella sala. Había candelabros iluminando en las ahora brillantes y limpias paredes, que adquirieron un tono amarillo pastel. Los asientos se expandían por toda la enorme sala, y un telón rojo con adornos dorados cubría el frente del escenario.
Me sentía alucinada entre toda aquella decoración extravagante que ahora parecía encontrarse en su mejor momento, y cuyas gárgolas y extrañas formas parecían expresar una grandeza increíble, a la vez que un acecho constante hacia mí estando sola en aquella vasta inmensidad.
Mientras estaba asombrada, de repente las luces de los candelabros empezaron a brillar con mucha más fuerza. Me cegué un momento, acostumbrada a la oscuridad; y cuando pude ver, sólo escuché. Había voces de murmullo en aquella impenetrable soledad, un bullicio que parecía no provenir de ningún lado y flotar en todas partes. El ruido continuó, hasta que sonó un fuerte golpe. Las voces se acallaron, y por un momento parecía estar todo como antes.
Pero fue sólo un momento. No quisiera nunca volver a mirar al escenario y ver lo que vi, algo que no es posible borrar de la memoria, y siempre está; acechando en los rincones oscuros del subconsciente, sin querer nunca ser olvidado.
El telón se descorrió, y lo indescriptible se mostró detrás de él. Había seres que parecían tocar instrumentos, muchos seres; cada uno muy distinto del anterior pero con ciertos rasgos comunes, que no tenían relación con lo que he visto, más que con una oleada de monstruos no muertos salidos de las profundidades de algun terrible sitio de donde no deberían salir.
El rasgo más común entre aquellos era la piel totalmente gris; y que a pesar de ser de forma muy distinta cada uno, todos parecían ser exageradamente desproporcionados, aunque no hubiera forma de saber cual era su proporción. Había algunos que no guardaban relación con nada, que tenían una cabeza enorme, con todo tipo de monstruosidades como brazos y sin parte inferior, y un montón de cuencas de ojos, algunas vacías y otras no. Otros recordaban a una fusión entre una serpiente y algún ser, con un cuerpo alargado y sin extremidades que se contorsionaba diabolicamente.
Pero los peores y más abundantes, eran los de forma humanoide. Parecían un poco menos desproporcionados que los otros, ya que eran más pequeños, pero estaban exageradamente deteriorados. No eran peores por lo que eran, pero sí por lo que evocaban; eran como zombis salidos de bajo la tierra, como el aspecto final de la muerte humana, recordando la miseria de la que estamos hechos y en la que alguna vez podríamos convertirnos.
Quise desaparecer en aquel instante. Aquella formación macabra que parecía una orquesta estaba delante mía, estaba en mis ojos, en alguna parte de mi pensamiento, frenándolo tanto que no podía hacer más que quedarme allí quieta. Ciertamente, aquello era una orquesta, y su terrible sonido pronto llegó a mis oídos. No sé como sonaba, no podría describirlo, sólo puedo hablar de ello como lo más parecido a la desolación que haya escuchado nunca.
Siguieron allí lo que pareció un tiempo interminable, hasta que dejé de escuchar. Parecía que ya había terminado, y los seres dejaron de moverse. Yo seguía allí, paralizada y aterrorizada frente a aquellas cosas, que aunque quietas, parecían lo más horrible que se pueda imaginar. En un momento, los seres empezaron a moverse otra vez, esta vez desplazandose y en silencio, pero igual o más horrible que la anterior. Bajaron del escenario, y fueron avanzando lentamente hacia el centro de la sala, hacia donde estaba yo.
Era ya demasiado para mí, y sin poder pensar nada, mi cuerpo salió de la paralisis y reaccionó. Empecé a correr hacia el lado opuesto de la sala intentando escapar, y me sorprendí al ver una vieja puerta de madera. Por un momento me di cuenta de que era vieja, tal y como era otra vez la sala, con sus paredes de piedra oscurecida. No sabía que pasaba, yo sólo huía. La puerta no ofreció resistencia, y se abrió enseguida, cerrandose tras de mí y dejando a los seres en aquel sitio.
Me encontraba en un pasadizo de piedra. No había luces, pero veía dónde estaba. Pude respirar un momento y recobrar la conciencia, antes de empezar otra vez a huir de aquel lugar infernal. Seguía con la presencia de aquellos seres en mi mente, así que corrí sin saber hacia donde, sólo para alejarme.
Corrí un rato por los estrechos pasadizos, hasta que noté que mi velocidad iba disminuyendo. No estaba cansada, pero una sensación de que no podía moverme empezó a afectarme. También noté un cambio en el ambiente, que parecía querer ahogarme, como cargando las paredes sobre mí.
Lamentablemente me di cuenta, y vi qué era lo que me oprimía. A mis espaldas, uno de esos seres, uno pequeño y humanoide, estaba siguiendome. Era horrible, y de cerca todavía más. Su carne parecía carcomida en algunos puntos, estaba cubierto de harapos y poco más de su media mandíbula parecía formar una desagradable mueca.
Me seguía a la misma velocidad a la que yo avanzaba por más que intentaba correr, y daba la impresión de que disfrutaba de mis intentos de huir. Pasó un desagradable rato en el que me me costaba moverme, hasta que ya no pude avanzar más. Me quedé completamente inmóvil en el suelo, con el ser delante mía. El monstruo se acercó, y entonces volvió a sonar.
Otra vez el mismo sonido que la macabra orquesta interpretaba en aquella sala. La misma sensación de desesperación me llegó, pero esta vez más si era posible. No sé lo que sonaba, pero era algo terrible de todas formas. Algo que parecía querer adueñarse de mi mente, que escapaba a mi entendimiento y que distorsionaba todo.
No sé que pasó, ni que está pasando. Pero el infernal sonido sigue presente, y no querrá marcharse. Se ha convertido en algo peor que un ruido, acechando a mi mente desde sitios remotos que no querría imaginar, resonando en mi alma constantemente, en un sonido que nunca podría describir, aún su constante repetición...
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No sabía dónde ponerlo... no es la pesadilla exacta, es una adaptación de la pesadilla en un relato, pero la mayor parte la he soñado... bueno, de todas formas lo dejo aquí... xD