Otro dia más, el dia que iba a hacer que la fina linea de la normalidad a la locura estuviese a punto de romperse.
Di el primer paso hacia mi pequeño edificio del infierno, donde pequeños demonios me aguardaban con cautela esperando verme pasar para escupirme su ración de veneno diaria y donde pequeños ángeles diminutos tan diminutos debido a su miedo a convertirse en otro como yo, que casi ni los podías apreciar.
Lo note, volvi a notar ese leve pero contundente golpe en mi cabeza y las risas esas malditas risas que a mi, mas bien me parecian sonídos del infierno, de mi infierno.
Hoy me habia hecho el enfermo pero mi madre no me entendia, no la culpo si ni yo mismo lograba entender que habia podido hacer yo para sufrir aquello cinco dias de los siete que tiene la semana. Me vestí intentando evitar con cuidado la herida que tenia en la pierna, una herida que como tantas otras se hubiera curado dejando paso a una cicatriz que cada dia que la viera me recordaría lo solo y fracasado que llego a ser al menos en este mundo, mi mundo.
Abri mi mochila y toque ese pequeño bulto, mi billete hacia la libertad y esperaba que la esperanza de un infierno un poco mas vacio a mis compañeros de viaje, un viaje para mi ya sin retorno, pero esperaba que para ellos tuviese al menos una pequeña escala.
Cogi mi billete y lo saqué estaba frio pero eso tardaria poco en cambiar, espere no tenia prisa y los vi, ahí estaban, crueles tanto que hasta les supuraba la crueldad.
Me dieron ganas de reir algo que ya hacia mucho que no hacia, ya casi ni me acordaba como era esa sensación.
Levanté las manos y apreté, apreté tantas veces como demonios había en esa habitación. Su veneno, el veneno de los demonios se extendió por todas partes por las paredes por el suelo por las caras de los diminutos ángeles y sobre todo sobre mi, pero ya no nos podían hacer nada.
“Os juro que siempre he sido bueno menos hoy, mi madre siempre me dice que algun dia llegaré lejos que la bondad mueve montañas y que con mi luz iluminaría a la gente. Yo creo que solo ella veia esa luz, una luz que nació muy dentro de su ser y que ella creía única y especial. Lo siento mama no supe hacérsela ver a los demás.
Espero que algun dia puedas comprender todo esto, al menos tu.”
Abrí la boca y apreté el billete, mi billete hacia la libertad.
FIN