En mi vida me había sentido más viva que en esos momentos. Por primera vez vi una luz que me deslumbraba, me costaba mantener los ojos abiertos, la sensación que tenía en esos momentos, era de haber realizado algún tipo de esfuerzo, pero aun así, me sentía relajada; mi vacío interior pasó a ser ilusión. Quizás durante todo el tiempo que llevaba escondida, nunca abrí los ojos para mirar hacia mi alrededor, posiblemente sintiese pánico por cruzar la puerta del patio oscuro en el que estaba retenida, que aunque fuese confuso, ya era conocido por mi, y seguro; tal vez fuese por que allí dentro me estaban funcionando las cosas siguiendo un curso aunque sin ser el mas deseado por mi, era el válido hasta aquel momento.
Me levante de donde estaba sentada, miré a mi alrededor, y decidí salir de ese lugar, en el que me sentía atrapada. Empezar a andar aquel camino que me parecía tan difícil y que hasta entonces no me había atrevido a caminar.
Quizás fuera esa luz, la que me hizo despertar.
Llegué a la puerta, a la puerta de la prisión en la que me encontraba. Tenía miedo, pero había algo que me hacía seguir adelante. Las manos empezaban a sudarme, las piernas me temblaban, la vista se nublaba, el terror crecía en mi interior. Allí en la puerta, alguien me ofreció su mano, yo, temblorosa, la cogí. Empecé a andar ese camino lentamente, no sabía el por que pero tenía ganas de seguir por esa calle... mientras andaba, cogida de la mano de aquel extraño, aquella calzada me parecía tan diferente del mundo que conocía, la gente sonreía, se miraban los unos a los otros sin envidias, sin mal ninguno, la libertad, la tranquilidad, la felicidad eran sentimientos notables en el ambiente... todo esto fue lo que me produjo ganas de avanzar. Mis pasos iban ganando fuerzas, eran firmes. Llegué a una plaza en que allí había familiares, amigos y conocidos todos ya fallecidos. Se les veía muy bien, contentos, aunque inquietos, parecía que estuvieran esperando a alguien que hacía tiempo que no le veían... mi cabeza no lograba entender la situación, no comprendía... cuando llegué al centro del lugar, fueron los familiares los que vinieron primero a abrazarme, saludarme y besarme... mi mente estaba tal vez un poco desorientada, luego aquellos amigos que hacía tiempo que se habían ido de mi lado fueron los que me recibieron... después de tanto pensar, vi las cosas claras, había llegado mi hora, me había despedido de aquél mundo en que sufrí tanto, en el que la angustia y el dolor sopesaba por encima de la felicidad para la mayoría de personas.
Des de este lugar de donde escribo, que no le llamo cielo por no saber ciertamente la definición de este termino, es donde he empezado a vivir, es donde he empezado a ser feliz, y solo puedo decir: NO MALDIGAS LA OSCURIDAD, SOLO PRENDE UNA VELA... esta frase oí un día y no logré entender, pero que hoy des de aquí he llegado a darle significado...